Aeterna
Podría haber sido posible, para la dama añejada, por supuesto, haberse visto reflejada. Pero no pudo hacerlo al ver sobre su espejo una capa de cera escarchada.
No le pidan a la dama que prometa soluciones, su edad no se debe a haberlas encontrado. Ella sólo viste su discurso de rosas y pretende que, para mañana, todos la hayan olvidado.