Meus Nagasaki
Hay personas que son felices así, con su vida llena de rutinas, con su cuerpo vacío lleno de hoyos tapados con laca salpicada de residuos con partículas de yodo y resina negra. Hay gente que vive de eso. Hay gente que se alimenta de la monotonía del mundo ajeno. Sabiendo que cada uno se encierra en su propio universo y se imaginan una isla sin conecciones con el resto, creyendo que por más esfuerzos que uno haga nunca va a llegar a ser otra cosa que un otario controlado por el sistema digital y primitivo al que estamos sometidos.
Hay otras que no. Hay personas que prefieren lo efímero. La eterna rutina de lo efímero. Porque vivir de lo efímero también te plantea una rutina. No tan agotadora pero, en fin, rutina.
Te guste o no, estás parado sobre un mundo que no se detiene. Gira, gira y gira sobre las sienes de todos los habitantes que están sobre su piel. Donde sos lo que dicen que seas. Donde te niegan ser algo más. Donde está prohibido ser vos mismo y te permiten no ser nadie. Donde las arañas devoran a las moscas. Donde las moscas van de un lado a otro hasta encontrar un pedazo de mierda en donde posarse. Donde la mierda es todo lo que crea tu sociedad. Donde tu sociedad se imprime en un papel lleno de nicotina y semen. Donde la nicotina la manipulan los sabios para reventarte los pulmones y el estado cataloga al sexo como tabú. Donde ser parte de tu sociedad implica cumplir con toda su mierda ética y estética, respetando todos los pactos y tabúes para fingir que sos una persona “normal”. Donde nadie tiene la más puta idea de que significa esta palabra: normal.