El Fin No Justifica Los Medios
El ser humano no está preparado para gobernarse a sí mismo, de hecho, prefiere el monitoreo constante de sus acciones y la mano sentenciadora que le diga que es lo correcto y lo que no. La raza humana se diferencia de todos los demás prototipos de existencia por su miedo a tener miedo; pero cuando el miedo rige sus movimientos, es capaz de traicionarse a sí mismo y a sus ideales, diciendo y confesando todo lo que un alguno de esos días dijo que no haría. La histeria colectiva no es otra consecuencia más de la ignorancia de las masas y el desprecio por su propia individualidad. El pensamiento humano retrocede a medida que pasan los años, porque cada vez hay más cosas (dentro de sus cabezas) llamadas correctas y menos lugares privados para que podamos llevar a cabo las que nominan incorrectas. El estilo de vida se asemeja, a medida que transcurren los años, a la misma labor que ejercen las hormigas que se someten a su reina. Sin mentalidad ni pensamientos propios, siendo víctimas de su autodisciplina. Pero esta manera de vivir no sólo abarca el plano físico del propio cuerpo, también quiere ser extendido a todo aquel que se presente como refutador de esa leyenda. Y es así como uno comienza a creer que el mundo no existe más allá de los ojos y todo lo que existe es sólo lo que se puede ver. Entonces uno ya no cree que pueda existir una persona, hasta que alguien le ponga un nombre o un apodo o, como raramente sucede, hasta que uno se fije en esa persona.
La estrategia es indefinida para la mayoría, pues ni siquiera saben de su existencia, pero aquellos que la definieron siempre tuvieron total certeza de que esto sucedería. Desde un principio sus planes se basan en la ignorancia y a través de ella gobiernan un pueblo, y no sólo el pueblo en sí, también sus mentes. Después de todo, la única forma de lograr verdaderamente la sumisión de una nación, un pueblo, un grupo de personas, o alguien específico, es convenciendo a la persona sometida de que no lo está. El destino está enmarcado en la existencia convencional y lógica de la voluntad humana. Para controlarlo, hay que destruir la voluntad del otro sólo para transformarla en la propia, y que el otro crea que no es así. No hay método de escape para ese tipo de manipulación, sólo la muerte. Pero no todos están dispuestos a alcanzarla. Niego ésta existencia como centro de la vida, y niego a este mundo como perfección del universo. Y ante todo, niego el destino como medio de poder y el poder como medio de dolor. Niego el liderazgo de este pueblo, pues para tenerlo, uno debe ser líder de su propio cuerpo y alma, y sólo unos pocos han logrado hacerlo, y aquellos que lo lograron, cada uno de ellos, han muerto.
The Mermaid
El dolor puede llevarte al éxtasis. Puede ser que tus caricias me hayan conquistado, pero sentir tus colmillos clavados en mi piel, succionando mi sangre, me dio más placer. Nunca vas a encontrar el amor que yo encontré, porque pude sentir todo tu ser en tu sangre. Me tiraste al vacío pero olvidaste cortar la cuerda que te ata a mi cintura, quedan dos opciones: o caes conmigo o me llevas atada para siempre.
Amo como persona. Como mujer no siento nada. Las mujeres no diferencian la pasión del dolor. Odio la pasión. Suelo enamorarme de las personas que me producen dolor y clavan sus uñas en mi interior. Quizás no tenga la capacidad de amar a otra persona porque no puedo quererme a mí misma, quizá sólo busco mi dolor en el ajeno. Sigue siendo un antiguo sofisma que clavaste en mi piel. Sigo siendo un ser humano que se siente orgulloso del amor que sienten los demás por él, pero como persona, sé que no sienten ni pueden llegar a sentir nada por mí. Tengo miles de facetas y cada persona puede ver una sola de ellas. Vos pudiste ver la faceta que me obliga a escribir. Reviviste una parte de mí que creí muerta para siempre. Sin embargo me obligas a escribir. No me obligues a amarte, sé que no lo podría resistir y que moriría si ocurriera.