Temptationem Vitae
Cada partícula humana desea el exterminio de su materia y la supremacía de la energía, pero el cuerpo reprime sus deseos, pues teme a la muerte como cualquier ser orgulloso. El veneno corre lentamente por las venas del instinto, hasta que las arterias estallan en un mar de miedo y subversión. Las aurículas y los ventrículos del corazón se ven afectados por el frío y dejan sus tareas sanguíneas para atreverse a escuchar a la razón. El corazón se detiene lentamente y muere, dejando al cuerpo en un estado de rigidez permanente o quizá temporal, quizá necesite de unos electroshocks para recordarle su singular y sin igual malestar.