Still
Golpéame, golpea mi carne, merezco tal humillación. Si lo necesitas, tómame, haz de mí lo que quieras. No necesito mi piel, te la obsequio, desgárrala, déjame en carne viva, al rojo vivo para transformarme en fuego. Y cuando sea fuego, fundirme con tu cuerpo. Viólame si es necesario, si no hay opciones, te lo ruego, te lo pido. Destruye lo poco que queda de mi inútil dignidad, pero protégeme de mi insanidad. Alivia el dolor, desinfectando las heridas con alcohol, hasta que ya no sienta el ardor. Puríficame, atraviesa mi alma, te ordeno que me liberes, que dejes que mi cuerpo sea ceniza, que mi carne sea vendida, que aspires mi ceniza y des de comer a los pobres con mi carne. Te ordeno que me ases, que arda en la hoguera, que me obligues a ser tu perra, tu puta, tu ramera. Acríbillame para dejar fluir ese líquido que me mantiene con vida. Entrégame al desierto para que mi sangre se evapore con la claridad del día. Pule mis huesos hasta hacerlos polvo, y tritura el polvo hasta convertirlo en ceniza, y aspira, y vuelve a aspirar. Llenáte de mí, pues es la única forma de que entre en tu cuerpo y que el efecto del mío rija tus movimientos.
Y si aún estoy viva, déjame morir, deja que te escuche decir que temo seguir viva, deja que escuche de tus labios lo que nunca podría escuchar.
Entonces, habrás clavado tu puñal.