Espejos
Ella miró el radio-despertador, eran las diez de la mañana. Se quedó unos minutos escuchando las noticias. Hacía frío y se cubrió con las sábanas. Se levantó lentamente y se dirigió al baño. Enjuagó su rostro angelical con esos ojos verdes que la convertían en una sirena. Abrió el botiquín para tomar el cepillo de dientes. El cepillo se le deslizó por entre sus manos y cayó al piso. Ella se agachó para recogerlo. Cuando se levantó miró el espejo para ver reflejada la imagen de su madre detrás de la de ella. “¿Mamá?”, preguntó. Se dio vuelta para encontrarse con un enorme cuervo que le graznaba y le enseñaba su enorme pico con el que apenas le rozaba el cuerpo. El cuervo se le tiró encima mientras pasaba por encima de ella y se estrellaba contra el espejo introduciéndose en él mientras este caía despedazado al piso. Al mismo tiempo, ella despertó.
La Mer
¿Quién soy? ¿Quién me ata a lo que soy? ¿Quién permite que sea lo que soy y que nadie me robe ese dolor? Y si soy, ¿por qué?¿Qué aire me alimenta?¿Quién me alimenta, si estoy atascada, fingiendo no importarme nada, simulando estar viva, devorando mi inocencia, perdiéndolo todo, sólo por un ser que me comprenda? Podría intentar entender por qué el mar no me deja respirar y aún así intentar volar con otro nombre, bajo otras alas, sobre este mar. Y dar, pedir algo a cambio, un contacto, algo que me asegure libertad, algo que me confiese intimidad, sólo alguien en quien confiar y tal vez olvidar mi búsqueda por navegar este mal, mi búsqueda por encontrar un lugar para poderlo soñar sin perseguirme con malos finales ni con otros mares. Quisiera poderte encontrar, alma perdida en una noche de soledad, pero todavía no comprendo por qué el mar me quiere devorar.