Mauro

May 25, 2003 at 16:50 (For You)

Deja de perseguir tus sueños frustrados, es otra carrera a ningún lado. Te culpo porque no hay nadie más, pero en parte fuiste el que cortó mis alas para mostrarme tu lado oscuro antes de marcharte. Ahora no queda nada para mí, entumecimientos, mitad elevada.
Enredada alrededor de brazos de espinas que perforan mi piel, ellas me hacen saber que mi sangre no es tan pura como ayer. Y si alguna vez quise beber las pocas gotas de tu dignidad, ahora no importa. Me estoy deshidratando porque estoy desangrándome demasiado.
Se suponía que vos ibas a venir a buscarme cuando me sintiese mal y quisiera matar a alguien o en otro sentido, quisiera suicidarme. Pero sé que ya no vas a venir, te ví teñir el cielo de negro con alas que alguien me robó.
Sin embargo, te voy a perdonar porque gracias a vos pude probar mi sangre y algo que nunca podré tener de este mundo. La Luna se está escondiendo, mi carne es demasiado frágil. Ya no creo que la vida termina cuando uno ya no cree en el cielo, porque todavía puedo ver tu rostro, mi ángel negro.

Permalink Leave a Comment

Blood

May 20, 2003 at 07:53 (Faggotry)

El principal enigma de la vida es la razón, que se descontinúa con lo que en verdad significa tu dolor. La escena del naufragio de una mente que decidió partir, sabiendo que su barco se iba a hundir, es la razón por la cual todos olvidan la existencia de su alma. Todos basan al mundo en razones sin respuestas y olvidan el principio de creer en lo invisible. Todos condenan sabiendo ser condenados. Todos succionan la sangre de los cuellos que serán decapitados. Todos huyen, todos caen en la red del depredador que deberían aprender a conocer más que a sí mismos.
Pero no saben que yo no olvido. Ellos sí, o pretenden hacerlo o pretender mentir. No soy de esa clase de personas que no cree en el aire porque es invisible y no lo pueden oír, yo creo en él por ser quien me roza los labios y el rostro cuando acudo a mi altar a rezar por mis dioses. No me obliguen a cambiar, no me obligues a morir.
No me sorprende lo que siento, siempre supe que sólo quería huir de todo lo que me rodea. Pero mi cuerpo permanecía rígido allí, mientras por dentro me escapaba del mundo y quedaba así, estrangulada, en la nada.
La sangre puede salvarte la vida cuando estás bajo su efecto, pero luego sólo podes ver como te sentís morir.

Permalink Leave a Comment

The Necromancer

May 15, 2003 at 19:19 (For You)

Nada más plástico que mi corazón en llamas puede existir. Me obligaste a encerrarme en mi mente y a apartar todo pensamiento de ella menos el tuyo. Pero no olvides que cuando amo lo hago para siempre y una vez te amé, no puedo negarlo. Extraño nuestros silencios y tus ojos buscándome en la obscuridad cuando sentías cómo me iba comiendo la agonía por dentro, destruyendo todo lo que alguna vez fuimos. Pero vos estuviste allí, yo sólo pensé en mí. Hace más de veinte vidas que nos conocemos pero este sentimiento no desaparece. Verdaderamente, no quiero que me veas para que no alimentemos más este fuego, no así. No te das cuenta pero me estas destruyendo poco a poco y disminuye mi conciencia, dentro de un par de años más sé que voy a perder toda mi sensibilidad por el mundo y sólo voy a sentir lo que quieras que sienta. Ahora no siento nada, pero cuando siento, siento demasiado. Si pienso en vos te siento dentro de mí, completándote conmigo, tapando cada espacio vacío. Extraño esa forma en que solíamos aparentar no amarnos. Te extraño, pero ésta sólo soy yo, la que está dentro de este cuerpo maldito que quiere alejarte de mí.

Permalink Leave a Comment

Hey, you.

May 9, 2003 at 15:54 (For You)

Frotas tus manos con rudeza, te escondes bajo una escasa capa de escarcha. Te veo, me ves. Te admiro por no dejarte caer. Friccionas tu cuerpo contra una pared, te sonrojas, te dejas llevar. Tomas el mundo que siempre quisiste dejar ir y lo llevas a un lugar del que nunca me quisiste contar. Me tomas entre tus brazos, me atrapas con tus lazos y me engañas, me dices que soy lo que siempre habías buscado. Te alejo de mí, me dejas tu ayer y tu risa y tu agonía. Me dejo caer. Te llevo conmigo pero jamás te lo digo, te obligo. Me extraña tu mirada, no había notado tanta melancolía en toda esa fragilidad, ni en ese desvarío, ni en tus labios fríos. Me dejas ir, te dejo marchar. Me llevas con vos pero te obligo a cortar tu mente en dos. Me olvidas, crees que ya no voy a volver, cuando en verdad espero aquel día en que junte fuerzas para volverte a amar. Pero también suelo olvidar.

Permalink Leave a Comment

Malkav

May 8, 2003 at 07:00 (For You)

Por dentro, adentro, no hay dolor, no hay sentimientos. Me alejaste de todo. Tu hermoso rostro, tu rostro sistemático…
Mirá en lo que me he convertido, podrías ver millones de mentiras, y, después de todo, sigo siendo la misma persona de mierda. Super reina, super perra, parezco un astronauta tomando mi última oportunidad para partir, pero este es el fin, una nueva generación está llegando para extraer tus lágrimas de tu cara metalizada. Sos tan frío, tan ciego, tan enfermo de todo lo que parece cubrirnos. Me estás llevando hacia fuera, estás llamándome por mi nombre, estás llevándome de la mano, pero sigo estando adentro… Adentro de tu cuerpo.

Permalink Leave a Comment

Lyrus III

May 7, 2003 at 23:59 (For You)

Y prefiero no saberlo, porque saber demasiado puede llevarte directo al estrellato o a la ruina, yo prefiero el anonimato. No creo en las hormonas ni en la mente. O por lo menos no en la mía. Mi mente ya no funciona o sus funciones son de escasa importancia. Todo lo que hago lo hago por inercia. La hermosa, sinfónica, plástica inercia. Quisiera poder destruirlo todo, todo lo tuyo y lo mío, o sino, llevar toda esa destrucción sobre mi débil espalda. Pero nunca me lo permitirías. No me permitirías ingresar a tu vida porque tenés miedo, miedo a ser como yo o a que yo sea como vos. Miedo de ingresar a un mundo diferente donde tendrías que pedirme la llave para salir, sabiendo que esa llave nunca abrirá por dentro ninguna puerta. Miedo al naufragio de tu alma. Miedo al calor de la mañana, miedo a mi calor en la mañana. Tenés miedo, igual que yo. Pero jamás podrías superar mi miedo, yo temo a otras cosas. Temo no poder sentir dolor. Temo no poder sentir calor. Temo no poder sufrir por vos. Pero es fácil ocultar ese dolor y ese miedo cuando clavas lentamente una aguja afilada y probablemente mal colocada en tus venas y sentís que el placer y el dolor que te producís físicamente te hacen olvidar la agonía que te consume por dentro. ¿Querés ayudarme a llevar mi dolor hasta que pueda olvidarlo o voy a tener que pedir un pasaporte a algún otro lado?
No me condenes, estas son mis palabras, podes culparme por ellas pero yo no siento ninguna carga. No me condenes, no tengo la culpa de ser tan bella. No me condenes. ¿No te diste cuenta de que nunca estuve realmente enamorada? Nuestro destino está ya demasiado lejos de nosotros. Esto es una señal, una señal de caos convirtiendo todo lo que era llamado verdad y llevándose los pedazos de tu corazón y de tu cuerpo para hacerte caer mas bajo de lo que estás. Engendrando nuestra propia nueva generación, piel sobre las almas quebradas de los moribundos cuerpos humanos deambulantes, huesos dentro de las estrelladas mentes de todos nosotros, soñando con coger con una hermosa doncella como yo…
Dame una razón para creer que puedo tocar tu cuerpo sin que mi alma arda por dentro en cenizas. Ayudame. ¿Lo harías?

Permalink Leave a Comment

Lyrus II

May 6, 2003 at 15:42 (For You)

No soy celosa, no soy ambiciosa, no soy humana, no soy enferma, no soy pura, no soy nada. Podes verlo sin necesidad de conocerme. Soy de esa clase de personas que pasan a tu lado y vos ni te das cuenta de que pasó por ahí. Pero eso es una ventaja, porque siendo tan invisible puedo ver y escuchar las cosas que todos esconden. Puedo ver a través de sus ojos y leerlos si es necesario. Puedo notar la presencia de seres que no son humanos. Puedo mentir sin que sea algo creíble y aun así buscar tu punto débil para que creas que lo es. Puedo notar en los rasgos físicos de una persona su dolor. Pero esto no es lo que quiero. Estoy buscando algo más profundo. Estoy buscando a alguien a quien no pueda leer lo que dicen sus pupilas porque no tienen vida, a alguien que no crea mis mentiras, que no tenga dolor que mostrar a través de su cuerpo porque es demasiado profundo. Estoy buscando a Lyrus. No me preguntes por qué ni quién es porque no lo sé. Sólo sé que no es humano y que su hermana murió en sus brazos, que yo moríré en sus brazos. Sólo sé que él nunca quiso pertenecer a los de su clase. En fin, no sé nada.

Permalink Leave a Comment

Lyrus

May 5, 2003 at 14:25 (Mentiras)

Él obedeció, no tuvo otra alternativa. Su cuerpo ya no le pertenecía, ya nada le pertenecía. Sentía en cada uno de sus huesos esa soledad que lo poseía dejando atrás todo aquello que una vez fue suyo siendo humano, sabiendo ser vivo. En su mente se repetían esas palabras que acababan de murmurarle esos labios blancos que se movían con delicadeza y a pesar de todo permanecían inmutables: “Me perteneces.” No podía dejar de cavilar esas palabras que lo condenaron, esas palabras que lo ataron para siempre a ese mundo artificial y efímero al que nunca supo que no pertenecería jamás. Podría haberle dicho cualquier otra cosa, pero no, le recordó lo poco que valía después de haber cumplido su ingenuo sueño de eternidad. Estaba claro, esas manos perdieron su color, su vida, su llamativa inercia cuando lo que siempre creyó que había querido apareció enfrente de sus ojos, sin saber que ese sería el fin de su vida. Esas manos que habían sentido tantas cosas, que habían hecho sentir mucho más, ahora condenadas a ser frías, rígidas, de porcelana. Observó las paredes de donde colgaban sus cuadros, con tantos otros que no le pertenecían pero que los tomó porque le agradaba su imagen interior, lo que había detrás de esas manchas de pintura fácilmente traducibles en algo opaco y sin expresión, o sólo porque ansiaba su compañía. Pero eran cuadros, quizás una de las cosas más humanas y expresivas que pueden haber existido sobre la faz de la Tierra. Pero él no lo comprendía. ¿Cómo podría hacerlo si ni siquiera comprendía el poder que esas manos de cerámica que tanto observaba podían tener si lo deseaba? Estaba sentado en un sillón de terciopelo escarlata hecho a medida, con una copa recientemente vaciada colgando de los dedos que su mano derecha dejaba ver. Él estaba sentado, observando, repasando aquellos sucesos que jamás había imaginado que iban a formar parte de su vida. Trataba de sobrevivir a esa tortura que la suma de tantos años de soledad le había establecido.
El olor de la solana fue desapareciendo poco a poco, a pesar de que la noche había dejado caer su ojo lunar sentenciador hacía algunas horas. Él todavía podía sentir el sol quemándole la piel, aún podía ver los cuerpos calcinados de esos seres a los que la sangre no le corría por las venas, pero en ellas debía de haber tanta sangre humana como en aquellos que aún respiran. Su mirada seguía perdida, analizando la copa, mientras sus dedos acariciaban los restos del líquido oscuro que había en el fondo de ella. Su rostro pálido era una escultura, y la luz de una sola vela que dejaba ver únicamente esa escena vacía, de derrota, decaimiento, dolor, reflejaba sus pupilas retraídas, lacrimosas, agonizantes. Se puso de pie y notó aquel espejo que lo acosaba, que le hacía ver lo que no quería ver, esos colmillos, esos ojos, ese rostro, esa piel, ese cuerpo marchito. Su cara rígida dejó de serlo cuando un gesto de sorpresa se marcó en las invisibles arrugas de su frente, luego sus ojos se entrecerraron y sus cejas se arquearon hacía abajo, mientras que su mano dejaba caer la copa al piso y los vidrios se esparcían por la habitación. Quiso golpear el espejo pero sus pies desnudos estaban lastimados, y los pedazos de vidrio que hacía unos segundos habían sido uno solo para formar una copa útil, y siendo tan inútiles al estar esparcidos, se clavaban en su piel. Levantó sus piernas para tener sus pies en su campo visual, y con esa misma cara rígida, los sacó uno a uno. Su rostro volvió a tomar ese aspecto de nada mientras susurraba unas palabras: “No, no siento nada.” Olvidó el espejo y se dirigió a la puerta que conducía a un pasillo en penumbras, donde sólo alguien con una naturaleza extraordinaria podría divisar el elevado techo. Él se refregó el rostro con las mangas de su saco negro que caía sobre el piso arrastrándose entre las miles de velas consumidas esparcidas por la alfombra de un color rojo furioso. Caminaba a oscuras sin emitir ningún sonido audible por el oído humano. Las huellas de sangre que dejaban sus pies, coagulaban apenas entraban en contacto con el aire: en verdad, él no sentía ningún estimulo exterior. Caminaba deteniéndose, sin mirar a los costados, esperando qué alguien guiara esa mente que no sabía que camino elegir sabiendo que todos los caminos lo llevarían al mismo lugar. Pero el no quería eso, o creía que no lo deseaba.

Permalink Leave a Comment